“EL CAMINO QUE HEMOS PODIDO RECORRER CON EL MINISTERIO DE CIENCIA ES MUCHO MÁS CORTO DE LO QUE NOS HUBIERA GUSTADO”

¿La decisión política de jerarqui­zar la actividad de la ciencia y la tecnología significó un punto de inflexión? ¿O sólo fue un hecho administrativo?

Por un lado, llevó a consolidar este crecimiento cuantitativo. Por otro lado, llevó a afirmar el lado cualitativo o simbólico, que era, quizá, hacer del ministerio una bandera, o motor (como se prefiera), del desarrollo tecnoló­gico. Pocas veces en la historia argentina, desde la política, se había convocado, de manera explícita, a participar en un pro­yecto de desarrollo nacional. Fue un llamado dirigido a quienes a habían tenido la suerte de poder formarse como doctores, inves­tigadores, tecnólogos. Así que, más que un edificio, el ministe­rio fue una puerta abierta para que estos profesionales, estos argentinos accedan a participar, no sólo haciendo lo que saben. También buscando que ese traba­jo tenga un impacto que oriente a crear mejores condiciones para otros argentinos. A través de esa puerta abierta del ministerio, los profesionales formados también pudieron acceder a las distintas agendas que tiene el desarrollo. Me parece que el ministerio fue un aparato atravesado por un importante número de iniciativas que pudieron avanzar. Es obvio que esta fue la intención. El cami­no que hemos podido recorrer es mucho más corto de lo que nos hubiera gustado…

En las actividades promisorias de este período de desarrollo fue la formulación del Plan 2020. ¿En qué medida ese plan era adecua­do para alcanzar sus objetivos prioritarios? ¿Pudo cumplirse en todos sus aspectos?

Ha sido muy importante re­cuperar la planificación como herramienta, y también como forma de jerarquizar las políticas públicas. Ha sido muy importante potenciar el sistema de promoción que se venía desarrollando con la Agencia Nacional de Promoción Cientí­fica y Tecnológica. Tener fondos líquidos, pero no atados a cierto régi­men, como es en la in­dustria, sino que cada comienzo de año había que decidir dónde colocar cerca de 2 mil doscientos millones de pesos en nuevos proyectos. Es un rasgo importante. Esto fue tomando distintas formas. Bási­camente: los fondos sectoriales, los subsidios directos a empresas, a investigadores, a empresas de software… A mí me tocó articular. Lograr una sinergia entre estas dos cosas. El plan, si bien es el tercer plan en la historia de la ciencia y tecnología argentinas, desde la democracia en adelante, es el primero que logró articular prioridades con instrumentos. O sea: en cada uno de los fondos de la agencia hubo una orienta­ción estratégica de esos recursos en función de las prioridades que surgían del plan. Lo mismo que ocurrió con el CONICET. El 20% de las becas, el 20% de los ingresos a carreras de investigador, estaba alineado a esas prioridades del plan. Es decir: se reconoce una cierta inercia, una cierta recupe­ración de lo ya existente, pero también hay un espacio para construir nuevas capacidades y nuevas agendas desde el siste­ma de promoción que implica la transferencia de fondos. Por otra parte, el plan tuvo una segunda característica, también inédita que es así: nosotros entendi­mos que, en el momento de las mesas de implementación, la clave era hacer una suerte de zurcido. Porque quizá uno de los aspectos más duros de la etapa neoliberal fue haber desmante­lado las capacidades técnicas del Estado. De esta manera, había muchas personas que sabían y las habían puesto lejos de los espacios de decisión y de formu­lación de políticas. En un punto, ese fue un plan multitudinario. Mil quinientos especialistas han pasado a través de los 36 temas que hemos puesto en marcha. Esas mesas de implementación eran una especie de zurcido. Eran volver a tejer para volver a armar ese saber, que era un saber dis­perso, pero que tenía que tener una articulación.

El plan básicamente básicamente refleja eso. Y lo que pedimos, la convocatoria, era pensar dónde está hoy la Argentina y dónde queríamos verla en 2020.

¿Cómo construir, en esa transición, una hoja de ruta montada en proyec­tos, públicos y privados, que puedan ser financia­dos por la Agencia?

Esta era la condición que aplicamos a: equipamiento médico, a temas de tecno­logías para alimentos, fito­medicina, energía, smart grids … lo hemos aplicado en petróleo y gas… una variedad de 36 temas, tradicionales o no tan tradicionales, que hemos aportado. Sabiendo que había tres plataformas tecnológicas que motorizaban y aceleraban estos procesos: las TIC, las Nano, y las Biotecnologías… Entendemos que, hoy en día, para partici­par en la producción industrial mundial, se puede participar de varias maneras. Desde luego, se puede ser un país que participe en las cadenas de valor, o en los escalones menos interesantes, padeciendo esa participación en la industria a nivel global… ¿Por qué? Porque uno no tiene las capacidades para disputar las rentas dentro de esas cadenas. Hoy la forma de disputar las rentas tiene un componente de la administración del comercio, de crear actores nacionales… Pero, la verdad, el vehículo, la herramienta para disputar la renta es manejar los procesos de transformación. Porque esos procesos hoy están anclados en saber manejar la información de los negocios y transformarla en inteligencia competitiva, en la nano o en la biotecnología…

¿Qué querés significar cuando decís: “disputar la renta”?

Tener una porción mayor del to­tal que genera la industria, a nivel global, como valor agregado. Significa recibir una porción más grande de la torta. Es importante que el Estado genere la herra­mienta para disputar eso, porque es la legitimidad y la herramienta efectiva para que, cuando eso se reparta, le llegue al trabajador, y también a la sociedad y a los empresarios. Es por eso que el Estado no puede ser ajeno a la generación de estas capacidades tecnológicas porque es el corazón de cómo se distribuye el ingreso, y cómo entramos al mundo, y cómo definimos nuestra compe­titividad. Es un asunto medular. Ya no se trata de que la nano es para los que entienden de micropartículas y de materiales avanzados… No… tener capacida­des Nano significa poder definir ese 50 y 50 de la distribución de la renta, en un mundo donde podemos participar con protago­nismo y capacidad de decisión. Si no, quedamos integrados pero sometidos. En esa alternativa que obviamente, hoy, la globalización la admite y la promueve. Enton­ces: hemos dado esta discusión conceptual, y hemos avanzado para demostrar de manera concreta que esto es factible. A mi modo de ver, sin embargo, no hemos podido llegar a la fase sistémica. Es decir: que esto tome una dinámica, que se reproduzca por sí mismo, que haya actores industria­les que construyen sobre esto… Hemos dado muestra de que esto es posible, que desde Argentina lo podemos hacer, que teníamos la espalda para esto. Nos faltó tiempo para, justamente, pasar a la etapa del desarrollo.

Para leer la entrevista completa: http://www.miclubtecnologico.com.ar/blog/edicion-265/

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