RECONOCIMIENTO A LA PALEONTOLOGÍA ARGENTINA

A lo largo de su extensa carrera, la paleontóloga Beatriz Aguirre Urreta se dedicó a estudiar fósiles pequeños, los amonoideos del Cretácico, un tipo de moluscos cuyo descendiente más cercano es el Nautilus.

Sobre el reconocimiento recibido recientemente, la investigadora asegura: “Es un orgullo muy grande que la paleontología haya recibido ese premio. Toda mi vida he trabajado en la cordillera desde San Juan hasta Tierra del Fuego. Actualmente, nuestro equipo multidisciplinario trabaja en Neuquén y en el sur de Mendoza. Mis colegas se manifestaron satisfechos por el logro, especialmente la Fundación Paleontológica Argentina, que brega por el conocimiento de nuestra ciencia. Este premio no es solo mío: es de mis maestros y alumnos que trabajaron en cada investigación”.

“La paleontología –explica Aguirre Urreta- es una ciencia con una enorme tradición en el país. Hace 200 años que hay paleontólogos en Argentina. Florentino Ameghino, nuestro héroe máximo, fue la primera persona que colocó nuestra ciencia en la consideración internacional. Por eso me alegra mucho que le hayan dado a la paleontología el lugar de reconocimiento que, creo, se merece”.

Desde sus inicios, la institución Bunge y Born premió a algunos de los investigadores más destacados de la Argentina como Luis Federico Leloir, Carlos Bollini y Ranwel Caputto, entre otros. El jurado de la premiación -que cuenta con una historia de 53 años- sostiene en su dictamen: “Aguirre Urreta posee un excelente balance entre antecedentes científicos, docentes, de transferencia y de formación de recursos humanos encontrándose en plena actividad en la actualidad”. El trabajo de la paleontóloga requirió campañas a lomo de mula, que le exigieron permanecer meses en lo alto de la Cordillera, viviendo en carpa.

La académica recuerda como indicio de su vocación que de pequeña veraneaba en Necochea y se dedicaba a pasear por la playa y buscar huesos. “Argentina –asegura convencida- tiene características importantísimas porque hay muchos lugares que aún no son conocidos, rocas antiquísimas”. Y admite: “En varias ocasiones,  los grandes hallazgos se deben al ojo agudizado de los lugareños. Ellos con sus experiencias y dedicación aportan muchísimo a nuestro trabajo”.

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